ARTICULO

  

Caso Penta: o...¿cómo blanquear al capitalismo?


  

Por Lucio Catalan

 

El caso Penta demuestra, una vez más, que la burguesía acepta sacrificar algunas de sus cabezas demasiado visibles, demasiado comprometidas, a fin de preservar lo esencial: el sistema capitalista. Es un desvío para evitar llegar al verdadero problema. El capitalismo es el portador de la corrupción, es el ladrón gritando ladrón. Es él, el capitalismo, quien debe rendir cuentas.

El capitalismo ha llegado a hacer creer que él no es, en ningún caso, el responsable de estos fraudes y que solo algunos actos desviados de la norma son los culpables de sus  desgracias. Todo esto muestra cómo los dueños del poder económico y político, logran disimularse y aparecer  más blancos que la nieve.

El capitalismo entendido como un sistema a través del tiempo, reposa  en un factor esencial: la acumulación de capital. Su único propósito es aumentar aún más y más y más la rentabilidad, es decir, la ganancia para las empresas. El capitalismo no es más que una acumulación de dinero como un fin en sí mismo. Ahora bien, esta acumulación se manifiesta históricamente en explotación y dominación. Mantener a los trabajadores, de generación en generación, al límite de la subsistencia son condiciones y premisas fundamentales e inevitables de este modo de producción.

La ideología propia del capitalismo producida por la clase dominante, que es la burguesía, no hace más que ocultar relaciones entre los hombres que se manifiestan a través de las cosas. El capital oculta una relación de propiedad sobre los medios de trabajo que despoja a otros individuos de la propiedad. El salario da la impresión de ser la remuneración del trabajo, enmascarando la relación de opresión y explotación. La corrupción se muestra como una desviación que oculta la brutal explotación del hombre por el hombre por toda la clase burguesa.

Debemos destacar, sin embargo, que estas “desviaciones” a la norma vigente lo son cada vez menos. A escala internacional, la corrupción alcanza en la era de la globalización, una dimensión estructural. Su práctica se ha banalizado así como otras formas de delincuencia corrupta: desvío  de fondos, manipulación de contratos públicos, abuso de los activos sociales, creación y financiación de empleos ficticios, fraude fiscal, ocultación de capitales provenientes de actividades ilícitas etc. etc. Se verifica así que la corrupción constituye un pilar fundamental del capitalismo.

Según el Banco Mundial, cada año en el mundo, el flujo de dinero proveniente de la corrupción, de asuntos delictivos y de la evasión fiscal que van a los paraísos fiscales, alcanzan la suma astronómica de $1.600 millones de euros... de esta cantidad, cerca de $250 millones corresponden al fraude fiscal llevado a cabo sólo en la Unión Europea. Invertida en la economía legal, estos 250 millones de euros permitirían, por sí solos, financiar los planes de austeridad y el pago de  jubilaciones que actualmente causa tantos sufrimientos sociales.

 

Caso Penta

 

El caso Penta se ubica al final de una larga lista: La Polar, Cencosud, escándalos con las tarjetas de crédito, colusión en la industria avícola, farmacéutica, caso Cascadas y un largo suma y sigue. A saber, el denominado Grupo Penta, es un holding empresarial chileno, con inversiones en las áreas de previsión, seguros, finanzas, salud, inmobiliaria y educación. De acuerdo a sus propias estimaciones, el grupo maneja activos por un monto aproximado de 30.000 millones de dólares.

El juez, Juan Manuel Escobar, determinó prisión preventiva para los controladores del grupo financiero Délano, Lavín y otros 4 imputados. La lista de cargos es larga: delito de evasión tributaria;  utilización en forma indebida de boletas de honorarios falsas para disminuir la base imponible de Impuesto a la Renta; corrupción a un funcionario del Servicio de Impuestos Internos (SII), que ingresaba al sistema y alteraba los montos a ser devueltos; mal uso de boletas de honorario; donaciones irregulares a políticos del partido Unión Demócrata Independiente (UDI) para financiar sus campañas electorales; corrupción al subsecretario de Minería del gobierno de Sebastián Piñera, Pablo Wagner, por pagos que habría recibido por parte del grupo.

Con bastante antelación ya El Mercurio tomaba la defensa de Penta. “Hay chilenos que envidian el éxito porque no conocen el sacrificio que requiere… En el Chile actual, el éxito de algunos es un espejo en el cual muchos chilenos no quieren mirarse, porque refleja envidia y resentimiento, por eso hay que perseguirlo… Es el problema de "El Choclo", en cualquier país desarrollado le habrían dado una medalla por servicios a su país…” estas palabras fueron escritas por Gerardo Varela, un tinterillo a sueldo de El Mercurio, el sábado 18 de octubre de 2014.

En todo caso, de sacrificio nada. Carlos Alberto Délano, el dueño de Penta, amigo íntimo de Piñera, jefe de las campañas de Joaquín Lavín, así como su tocayo Carlos Eugenio Lavín García-Huidobro, ambos fundadores del Grupo Penta se enriquecieron a manos llenas gracias a la dictadura. En 1989, Délano y Lavín, resultaron favorecidos con la privatización del Instituto de Seguros del Estado, el ISE. El Instituto era "LA" empresa aseguradora del Estado de Chile, la que adquirieron en 5 millones de dólares, toda una ganga para el valor real de la institución.

Las relaciones nacidas al amparo del pinochetismo y del ex Grupo Cruzat, generaron múltiples negocios con prohombres que hicieron sus riquezas al amparo de la dictadura. Penta se abre más tarde a otras áreas: la salud, negocios inmobiliarios y entre ellos también la educación. En la Universidad del Desarrollo, vuelven a encontrarse muchos de ellos: Joaquín Lavín, Cristián Larroulet, Ernesto Silva (padre del presidente de la UDI) y Hernán Büchi. Más tarde vendrían Banmédica, Isapre Vida Tres, Clínica Santa María, Clínica Dávila, Help, LAN, Bolsa de Comercio de Santiago y el Banco de Chile, entre otras empresas en que Délano, aparece ligado. En casi todas ellas los cuestionamientos y líos judiciales han estado presentes.

Difícil olvidar la polémica creada por las "Listas negras" de isapres Banmédica y Vida Tres, las que rechazaban a trabajadores "riesgosos", y en que Délano, era parte del directorio. Bullado fue el caso el año 2011 de un menor con discapacidad auditiva, que tuvo que interponer juicio en contra de Isapre Vida Tres (controlada por el Grupo Penta de Délano) para que ésta cubriera el implante del sistema auditivo sugerida por los médicos.

Existía, de acuerdo a investigaciones periodísticas no desmentidas, una lista de cerca de 50 empresas y organismos públicos excluidos totalmente y otros 200 de forma parcial de acceder a seguros de salud obligatorios en esas entidades. ¿La razón? Esas empresas representaban un alto índice de licencias médicas, denunciaron los dirigentes sindicales de dichas Isapres ligadas al Grupo Penta de Délano.

La investigadora María Olivia Monckeberg,  escribe: “Si se toma el libro del Saqueo de los Grupos Económicos al Estado chileno, publicado en 2001 y ves qué fue de los personajes que se beneficiaron con las privatizaciones de las empresas del Estado, te das cuenta de que se enriquecieron a más no poder, llegaron a construir fortunas fabulosas, y cada vez era más y más dinero. Y cuando la gente se enriquece tanto en una o dos generaciones llama la atención”.

 

El sistema en cuestión

 

Tres o cuatro veces al año la violencia estalla en el país. Los que salen a la calle son miles y miles de jóvenes y no tan jóvenes, marginados, explotados, discriminados. Lo que se reclama es otra forma de vida, organizar otra realidad. Es el pueblo. O, al menos, su sector de avanzada.

El Mercurio y con él todo el sistema dominante, los apunta con el dedo. La propaganda se orquesta. El concepto de barbarie aparece y se decide que se combate a la barbarie. La juventud que protesta son forajidos, delincuentes, escoria, basura… los epítetos no faltan. La solución es expresiva: apaleo, cárcel, erradicar. Es la ideología del capital en acción, un presupuesto de base a la existencia del sistema.

La dominación en Chile, no es un tipo de relaciones individuales, no se trata de ciertas conductas humanas como la de los señores Délano y Lavín. El pueblo chileno debe juzgar y condenar al conjunto del sistema en su categoría de opresión política, económica, militar y policial. El problema no son algunas irregularidades, el problema está en el sistema como totalidad. Frente a quienes insisten en reducir el problema a un hecho de corrupción para limpiar la opresión capitalista, no debemos vacilar  en afirmar que se trata de un discurso donde apenas se esconden el deseo de mantener intactas las estructuras de dominación.