ARTICULO

Chile -  11 de Septiembre

RATAS  GOLPISTAS:  EL PUEBLO NO OLVIDA


Por Lucio Catalán

 

Este nuevo 11 de septiembre un sector de la derecha ha rasgado vestiduras y casi con lágrimas en los ojos ha declarado, después de 41 años, que no le gusta la palabra “dictadura”, que rechaza las “violaciones a los derechos humanos” y declara explícitamente que  “asumimos el compromiso de hacer todo lo que esté en nuestras manos para evitar una situación de polarización ideológica como la vivida en Chile durante las décadas de los sesenta y setenta”. Se trata del documento de “Amplitud” el nuevo grupo político de la burguesía chilena que busca readecuarse a las condiciones históricas actuales. A renglón seguido el mismo documento agrega una defensa irrestricta “de una economía social de mercado”. Los partidarios de “Amplitud” reivindican el “legado” de Piñera. Todo un programa de la derecha para los nuevos tiempos.

La importancia de Amplitud radica fundamentalmente en un intento de refundación de la derecha chilena que busca reconstituirse desligada de la pesada carga del pinochetismo. Su intención evidente es buscar convertirse en el elemento de mediación entre los diferentes grupos capitalistas y sus expresiones políticas.

Su proyecto político, sostenido por Piñera, se propone construir un bloque más vasto y funcional para la construcción de un Estado al servicio del capital transnacional. En este contexto y, al igual que la Nueva Mayoría, el problema del “orden público” adquiere para ellos un sentido estratégico, apuntando a un acrecentamiento de la militarización preventiva y de vigilancia social ligado indisolublemente al control ideológico de la población.

Hacer todo lo que esté en nuestras manos para evitar una situación de polarización ideológica…”  es solo un eufemismo, una figura retórica que busca disimular la explotación, la opresión y la violencia contra el pueblo chileno mediante su sustitución por otro concepto menos negativo, es decir, la armonía social entre el amo y el esclavo.

La gran transformación que Marx, imprimió al problema de las ideologías, consistió en haber puesto la temática de ellas en el contexto de la lucha de clases, sacándolas del contexto abstracto, meramente subjetivo individual, dentro del cual es tratada por los “ideólogos” burgueses.  Marx, denominó como falsa conciencia al pensamiento de los individuos que no es consecuente con sus condiciones materiales de existencia. La ideología para Marx, tiene un sentido negativo y el significado es el conjunto de ideas que interpretan la realidad no para hacérnosla entender, sino para falsearla y ocultarla; así dice Marx “la religión, el derecho, son formas ideológicas que ocultan la realidad social de explotación del obrero en la sociedad capitalista”.

El documento de Amplitud, con el cinismo propio de los políticos burgueses, se da a la tarea de fabricar esa falsa conciencia que encubre los intereses muy materiales de este nuevo intento burgués. El documento deja en silencio, silencio que, por lo demás, cubre como con un manto toda la institucionalidad de Chile, las causas  que condujeron a los asesinatos, vejaciones y torturas masivas. Lo que hace Amplitud, es lo que hizo la Concertación los últimos 20 años y lo que sigue haciendo el actual gobierno de Bachelet, es decir, poner el problema del golpe militar en los efectos y no en las causas.

¿Qué es lo que provocó el golpe de Estado del 73’? La respuesta a esta pregunta deja en evidencia que las condiciones que condujeron al crimen y la tortura siguen tan presentes hoy como hace 41 años y que por lo tanto, para los actuales demócratas, si estas “condiciones” se activan no vacilarán en reprimir con tanto o más saña que lo hicieron anteriormente.

¿Cuáles son estas condiciones? ¿Cuáles son esas causas? La principal, sin la menor duda, fue el ataque a la propiedad privada. Las corridas de cerco, las tomas de terreno, la expropiación de las principales empresas, la nacionalización del cobre. El verdadero trauma que sufrió la burguesía chilena al verse despojada de sus empresas y tierras, la ha marcado hasta el día de hoy, transformándola en una de las burguesías más reaccionarias del planeta. 41 años fueron necesarios para que un sector de la derecha fuera capaz de pronunciar la palabra “dictadura”.

Pero no fueron los “efectos” los que llevaron al golpe militar. Los documentos secretos de la ITT (International Telephone and Telegraph)  hechos públicos en la prensa de Estados Unidos por el periodista norteamericano Jack Anderson y publicados en Chile a inicios del año 1972, son un testimonio histórico indesmentible de cómo la administración Nixon, la CIA, las empresas norteamericanas coludidos con la elite de la burguesía chilena impulsaron, desde antes que saliera elegido Allende, todas las variantes que condujeron al golpe de Estado y, por lo tanto, al asesinato y la tortura. Hablamos del financiamiento de la CIA al Mercurio, de la instigación al golpe por los grupos Matte y Edwards coaligados con la Embajada norteamericana, de la actitud criminal de la Democracia Cristiana, de la presión sobre los gremios, del reclutamiento de militares golpistas, de la planificación del colapso económico, etc. etc. Todo esto se movilizó para defender el derecho de propiedad.

La aparente victoria del sistema de mercado capitalista, la dominación global de dinero, no puede ocultar, a pesar de todos los intentos que hace, el antagonismo radical existente entre ricos y pobres.

El sistema de mercado mundial ha llevado a los pueblos de todos los continentes a un endeudamiento explosivo, el robo descarado de los recursos naturales, a los crímenes y matanzas que vemos diariamente en todo el planeta, a la miseria y la muerte por inanición a millones de seres humanos. El sufrimiento de los pueblos es inconmensurable.

La principal y única lección que debemos sacar este nuevo 11 de septiembre, más allá del llanto democratoide de patrones y aprendices de patrones,  es que en Chile, cualquier tipo de solución en los marcos de este sistema no es posible. Las soluciones sólo son posibles fuera de la lógica del capital.