ARTICULO

  Chile. El derecho al aborto no se discute con los cuicos: se toma.

 


En la foto Simone de Beauvoir, el año 1971, a la cabeza de las movilizaciones por el derecho al aborto libre y gratuito y por el derecho de la mujer a disponer libremente de su cuerpo y terminar con los resabios de la esclavitud que perduran en la sociedad contemporánea.

  

Tras sus declaraciones hechas al diario La Segunda, la ministra de Salud, Helia Molina renuncio por haber dicho que "En todas las clínicas cuicas, muchas familias conservadoras han hecho abortar a sus hijas". Inmediatamente el gobierno afirmo que las declaraciones de la ministra corresponden a "una opinión personal" de la secretaria de Estado y que "no representan el pensamiento del Gobierno de Chile". Después de una infinidad de declaraciones de los partidos institucionales remato el tema el cardenal Ricardo Ezzati  para quien: “La vida es el don más grande que tenemos que cuidar, si no hay vida, no hay ningún otro derecho que tenga sustento”.

Como es sabido en Chile está prohibida la interrupción del embarazo bajo cualquier circunstancia y tipifican penas de cárcel para toda mujer y persona que realice, intente realizar o facilite la realización de un aborto. Chile, junto al Vaticano y cuatro países más son los últimos reductos de la humanidad donde abortar es un delito.

En Chile, una gigantesca hipocresía colectiva cubre con un manto de plomo una situación siniestra. Cada año, miles de mujeres, solo tienen  una opción cuando descubren que están  embarazadas: o bien mantener al niño que no habían querido, con graves consecuencias para su futuro y el de sus familiares, o ponerse en las manos de una "abortista" o buscar solas una solución con pastillas, sondas o herramientas... como consecuencia muchas de ellas quedan  estériles  y muchos otras pueden perder  la  vida. Estamos hablando de las mujeres trabajadores y pobres. Las más ricas, buscan una solución en el extranjero o en lujosas clínicas privadas.

Lo que caracteriza a la esclavitud es el hecho de que el esclavo no es dueño de su cuerpo, que es una “cosa” con la que el amo puede hacer lo que le venga en ganas. Así fue en el mundo antiguo y también a partir del siglo XVI. Un resabio de la época esclavista es la situación de la mujer frente al aborto donde como ser humano ni puede disponer libremente de su cuerpo y está sujeta  a determinaciones exteriores  como las determinadas por el estado y los sectores más retrógrados y conservadores.

El derecho al aborto es un importante logro de las mujeres y el fruto de una larga lucha por su derecho a disponer  de su propio cuerpo. Este derecho es un elemento estructural de la igualdad entre mujeres y hombres. Cada año en Francia, cerca de 220.000 mujeres recurren al aborto para interrumpir un embarazo no deseado. Este derecho está garantizado por la ley. La obstrucción al aborto es un crimen castigado con dos años de prisión y € 30.000 de multa.

En Francia la ley (artículo L.2212-1 del Código de Salud Pública) permite a cualquier mujer embarazada, mayor o menor, que no quiere continuar con su un embarazo de exigir a un médico la interrumpir su embarazo. Sólo la mujer en cuestión puede realizar la solicitud.

El año 1971, en Francia, 343 mujeres del mundo de las artes y las letras firmaron un manifiesto, conocido como “El manifiesto de las 343”. Fue una declaración publicada del 5 de abril de 1971 que salió en el número 334 de la revista francesa Le Nouvel Observateur, firmada por 343 mujeres que afirmaban haber tenido un aborto y que, consiguientemente, se exponían a ser sometidas a procedimientos penales que podían llegar hasta el ingreso en prisión.

Publicamos aquí el Manifiesto en su integralidad pues plantea el verdadero problema de fondo y es de enorme importancia para las luchas en Chile por el derecho al aborto libre y gratuito.

 

El manifiesto, redactado por Simone de Beauvoir, dice:

 

«Un millón de mujeres abortan cada año en Francia. Ellas lo hacen en condiciones peligrosas debido a la clandestinidad a la que son condenadas cuando esta operación, practicada bajo control médico, es una de las más simples. Se sume en el silencio a estos millones de mujeres. Yo declaro que soy una de ellas. Declaro haber abortado. Al igual que reclamamos el libre acceso a los medios anticonceptivos, reclamamos el aborto libre.»

Aborto

Palabra que parece expresar y limitar una vez por todas la lucha feminista. Ser feminista significa luchar por el  aborto libre y gratuito.

Aborto

Es una cuestión de buenas mujeres, algo así como la cocina, pañales, algo sucio. La lucha por el aborto libre y gratuito, pareciera algo risible o mezquino. Siempre ese olor hospital o comida, o de excrementos detrás de las mujeres.

No hace falta decir que no tenemos como otros seres humanos el derecho a disponer de nuestro cuerpo. Sin embargo, nuestro vientre nos pertenece.

El aborto libre y gratuito no es el objetivo final de la lucha de las mujeres. Por el contrario, sólo corresponde a la exigencia la más elemental, sin la cual la lucha política no puede ni siquiera comenzar.

Es una necesidad vital que las mujeres recuperen  y reintegren su cuerpo. Ellas son aquellas cuyo estado es único en la historia: los seres humanos que, en las sociedades modernas, no tienen la libre disposición  de sus cuerpos. Hasta ahora, sólo los esclavos han experimentado esta condición.

 El escándalo persiste. Cada año 1.500.000 mujeres viven en la vergüenza y la desesperación. 5.000 de nosotras muere. Pero el orden moral no es conmocionado. Queremos gritar.

Aborto libre y gratuito es:

Dejar inmediatamente de avergonzarse de su cuerpo, ser libre y orgullosa en su cuerpo como todos aquellos que han tenido hasta ahora el pleno derecho sobre él;

Nunca más avergonzarse de ser mujer.

Un Yo que se escapa en trozos pequeños, es lo que experimentan todas las mujeres deben practicar abortos ilegales;

Ser una misma en todo momento, nunca más tener ese miedo innoble de ser "tomada", atrapada, de ser doble e impotente con una especie de tumor en el vientre;

Un combate entusiasta, en la medida en que, si yo lo gano, comienzo solamente a pertenecerme a mí misma  a ya no más  al Estado, a una familia, a un niño que no quiero;

Un paso para lograr el control total de la producción de niños. Las mujeres como todos los otros productores tienen de hecho el derecho absoluto de controlar todas sus producciones. Este control implica un cambio radical de las estructuras mentales de las mujeres y un cambio igualmente radical en las estructuras de la sociedad.

  1. Voy a hacer un niño si quiero, ninguna presión moral, ninguna institución, ningún imperativo económico puede obligarme. Este es mi poder político. Como productor, puedo, a la espera de una mejor, presionar a la sociedad a través de mi producción (huelga de niños).

  2. Voy a hacer un niño si quiero y si la sociedad en la que lo hago nacer es adecuada para mí, si ella no me convierte en la esclavo de ese niño, su enfermera, su empleada, la cabeza turco.

  3. Voy a hacer un niño si quiero, si la sociedad es conveniente  para mí y conveniente para él, yo soy responsable, no hay riesgo de guerras, no hay trabajo sometido  a las cadencias.

No a la libertad vigilada

La batalla se ha establecido en torno al aborto pasa por encima de las cabezas de las principales mujeres interesadas. La cuestión de saber si la ley debe ser liberalizada, la cuestión de saber cuáles son los casos en los que nos podemos permitir el aborto, en definitiva la cuestión del aborto terapéutico no nos interesa porque nos concierne.

El aborto terapéutico requiere "buenas" razones para tener  "permiso" para abortar. En claro eso significa que debemos merecer no tener hijos. Que la decisión de tener o no, no nos pertenece, igual que antes.

Se mantiene el principio de es que es legítimo obligar a las mujeres a tener hijos.

Una modificación de la ley, que permita excepciones a este principio no hace más que  fortalecerla. La más liberal de estas leyes seguiría reglamentando el uso de nuestro cuerpo. El uso de nuestro cuerpo no necesita ser reglamentado. No queremos tolerancias, retazos de lo que otros seres humanos tienen de nacimiento: La libertad de usar sus cuerpos como mejor les parezca. Nos oponemos tanto a la ley Peyret o al proyecto ANEA que tiene  la actual ley, como nos oponemos a cualquier legislación que intente reglamentar de cualquier manera nuestro cuerpo. No queremos una ley mejor, queremos que su abolición pura y simple. Nosotros no estamos pidiendo caridad, queremos justicia. Somos 27.000.000 solo aquí. 27.000.000 de "ciudadano" tratados como ganado.

A los fascistas de todos los pelajes- que se confiesen como tales y nos apaleen  o que llamen católicos, fundamentalistas, demógrafos, médicos, expertos, abogados, "hombres responsables" Debré, Peyret, Lejeune, Pompidou, Chauchard, el Papa - decimos que los hemos desenmascarado.

Que los llamamos los asesinos del pueblo. Que les prohibimos el uso de la expresión "respeto a la vida", que es una obscenidad en sus bocas. Somos 27.000.000. Luchamos hasta el final porque no queremos nada más que lo que se nos debe: la disposición de nuestro cuerpo.

  

 Firman 343 mujeres que afirmaban haber tenido un aborto